La muestra de Fernando Martínez (1945) bajo la curaduría de Fermín Fevre que clausura la temporada 2003 de la Galería de la Recoleta, es un ejemplo de excelencia del arte del dibujo, disciplina a la que no se le otorga el espacio que merece no obstante el alto nivel alcanzado por muchos artistas de nuestro medio. Obras de gran tamaño, 150 x 120 cm., en las que imprime a la composición un efecto de conjunto que por un lado debe ser admirado desde lejos ya que se imponen a la mirada. No hay vacíos superfluos y a la manera de los renacentistas italianos se las ingenia para mantener la impresión espacial.
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En esta serie de «Homenajes», el plano se divide en dos, no por una línea horizontal neta sino por elementos clásicos y cotidianos: vasos, botellas, fruteras, y hasta un bandoneón. ¿Qué hace Martínez? A la manera de los renacentistas derrocha toda su riqueza de invención sobre el cuerpo humano y mantiene continuamente la atención en suspenso mediante accesorios tanto brillantes como divertidos.
Palabra ésta que se usó y abusó para referirse al arte trivial de los 90 pero que Henry Wölfflin ya utilizó en su «Iniciación al conocimiento del Renacimiento Italiano». Son los detalles que mantienen despierta nuestra curiosidad y admiración, entre ellos, la maestría con la que trabaja las sombras, la transparencia y levedad de los elementos así como la arquitectura de los fondos.
Pero Martínez no reduce su expresión a los clásicos. Ya señalamos que el plano está dividido en dos: la parte inferior va a constituir un animado juego de ejes a través de combinaciones en la posición de las piernas o brazos que se cruzan, la flexión de una pierna con un movimiento análogo del brazo opuesto.
Y aquí viene lo «divertido» que quiebra su clasicismo: piernas femeninas con medias y ligas tangueras, pies seductores con tacones provocativos, muslos sensuales, fragmentos del cuerpo femenino y masculino contemporáneo que se contrapone a la rubicundez de un Baco, a los gestos dramáticos de un MiguelAngel o los crispados de Deidana (hija de Licomedes a quien Aquiles sedujo disfrazado de mujer y abandonada el día de la boda).
Esas pasiones también están en los cuerpos entrelazados así como la pasión del artista por Ingres, Rubens, Morandi, Miguel Angel, razón de ser de estos «Homenajes». Se exhibe también una serie dedicada al tango, obras de menor tamaño, en la que este eximio dibujante capta la sensualidad de la danza. (Agüero 2502. Jardines de la Biblioteca Nacional. Clausura el 15 de febrero.)
• Estrada
A las muestras que invitan a la reflexión como las publicadas en nuestra última columna de 2003 se agrega la de Marcela Estrada que se exhibe en el Centro Cultural Recoleta. La instalación se inicia con «Prisioneros de las apariencias», acrílico y carbonilla, seres todos iguales, ojos vacíos, unidos por cadenas, una metáfora de la globalización, la pérdida de la identidad en un mundo mediatizado, la tiranía y manipulación de la imagen televisiva. «TV on» es una propuesta audaz y contra la corriente. En lugar de utilizar verdaderos televisores, los dibuja. Las imágenes están fijas y pegadas a la «pantalla». Son aquellas que pasan alegremente, sin límite de ética alguna, de las marchas piqueteras, candidatos y ex parejas presindeciales, la desnutrición infantil, el Gran Hermano, la video-política, alguna catástrofe, a la cola renovada de alguna actriz que declaró «ahora quiero envejecer con dignidad».
En este caso no podemos hacer zapping y están allí para recordarnos, como dice Beatriz Sarlo en «Escenas de la Vida Posmoderna», que «la sociedad vive en estado de televisión». Hay también un ojo que nos observa intensamente iluminado por luces de neón y espejos rotos pegados a las paredes : un mundo de apariencias hasta la saturación, un mundo de mentiras del que el pensamiento está ausente, un grito de desesperación de alguien que clama para que lo libere de esa suerte de «cárcel, shopping, country o país» en el que cada día hay más gente presa. (Clausura el 25 de enero.)
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