Desde la antigüedad, los artistas han cedido a la tentación de pintar su propio rostro en escenas donde su aparición, como la de Miguel Angel en «El Infierno» de la Capilla Sixtina, sorprende por lo inesperada. En «Las Meninas» de Velázquez, las figuras centrales son la infanta Margarita y su séquito, pero el artista se pinta a sí mismo reflejado en un espejo. Si bien la imagen de Velázquez guarda relación directa con su identidad y su oficio, otros pintores dejaron volar más allá su imaginación.
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En la romántica composición «La Libertad guiando al pueblo», Delacroix se retrata fielmente, hasta con la bufanda que usaba para aliviar su laringitis crónica, pero luciendo una galera de estudiante y no ya aferrado a los pinceles, sino a un fusil que lleva entre sus manos mien-tras escolta la figura semidesnuda de la Libertad. En el siglo XX, artistas como Duchamp, Man Ray y Cindy Sherman, supieron sacar partido de las nuevas tecnologías y se abocaron a la creación de sus propios mundos imaginarios o alternativos.
En esta vertiente trabaja Martín Sastre (27), que la semana pasada inauguró «Planet Sastre» en la galería Ruth Benzacar, exposición multidisciplinaria donde se revela como un consumado maestro en el arte de la simulación. Diestro manipulador de imágenes y textos, como el que abre la muestra, «Un mundo sin Hollywood es un mundo de terror y caos», que atribuye a Nancy Reagan, Sastre crea un mundo de ficción que se aleja de la realidad, pero para cuestionarla a través del humor y la ironía.
La muestra gira alrededor del video «The Iberoamerican Legend», que si bien fue realizado en 2002, cuenta que cuando EE.UU. logra dominar Medio Oriente, la poderosa atracción de las imágenes de la realidad que difunden los programas de noticias provoca el colapso de Hollywood. Larry King es la estrella de un universo sin ficciones donde abundan escenas de acciones militares que parecen extraídas de la reciente guerra en Irak.
Recién entonces cobra sentido la frase de la mujer de Ronald Reagan: el «terror» y el «caos» imperan cuando se derrumba la industria de los sueños. Entretanto, el protagonista, Walt Sastre, despierta de la hibernación en su Montevideo natal y argumentado que «los sueños latinoamericanos son más baratos», inaugura una nueva leyenda. La paradoja es que en este flamante y barato mundo de evasión latinoamericano, sólo se atina a recrear la magia de Hollywood y las creaciones se limitan a una extensa remake. «Tenemos el cerebro formateado para hacer esto», explica el artista.
En los posters de «Duro de matar», «El último emperador», «Hechizo de luna» o «Dirty Dancing», la productora «United Iberoamerican Artists» presenta a Sastre en el papel de actor y el elenco de sus amigos galeristas, curadores y artistas.
En una serie de fotos, videos y textos trucados, las estrategias de autoinclusión en la obra alcanzan a borrar el límite entre lo real y la ficción.
En el video «The E! True Hollywood Story», Sastre transita todos los ritos de la fama y aparece posando junto a la top model Valeria Mazza durante una fiesta de los Macri en Punta del Este, donde logró infiltrarse travestido de mozo para realizar su acción artística.
Uruguayo, formado en cine, fotografía y arquitectura, Sastre dirige la fundación que lleva su nombre y se ocupa de gestionar proyectos de artistas latinoamericanos, integra el Movimiento Sexy que ganó fama cuando festejó el cumpleaños a Natalia Oreiro, y reside actualmente en Madrid, donde conoció a la curadora de la muestra, Eva Grinstein.
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