7 de agosto 2026 - 13:41

"Otello", o el arte de hacer audible la manipulación

Diálogo con el maestro Alejo Pérez, titular de la Orquesta Estable, quien desde el viernes 14 dirigirá una nueva producción de la ópera de Verdi en el Teatro Colón

Alejo Pérez dirigirá desde el viernes 14 Otello, de Verdi, en el Teatro Colón. Foto: Juango Bruzza. Gentileza Teatro Colón

Alejo Pérez dirigirá desde el viernes 14 "Otello", de Verdi, en el Teatro Colón. Foto: Juango Bruzza. Gentileza Teatro Colón

“Es revelador que Verdi, después de años de un retiro que parecía definitivo, regresara a la ópera ya septuagenario y con una obra basada en Shakespeare, con quien sentía una afinidad tan grande. ‘Otello’ tiene una síntesis teatral y un ritmo tan fluido que la vuelven vertiginosa”, dice a Ambito el maestro Alejo Pérez, quien desde el próximo viernes 14 dirigirá en el Teatro Colón esta obra monumental.

Pérez asumió este año como director titular de la Orquesta Estable, con la cual había dirigido como invitado “Parsifal”, “El caballero de la rosa” y “Ariadna en Naxos”. Formado en Buenos Aires y en Karlsruhe, fue alumno y asistente de Peter Eötvös. Entre 2009 y 2012 se desempeñó como director musical del Teatro Argentino de La Plata. Su carrera europea incluye actuaciones en el Festival de Salzburgo, la Ópera Estatal de Viena y la Semperoper de Dresde, además de la dirección musical de Opera Ballet Vlaanderen, en Bélgica, entre 2019 y 2025. Dialogamos con él:

Periodista: “Otello” es una de las dos grandes óperas de la vejez de Verdi, junto con “Falstaff”. ¿Cómo encara su trabajo con ella?

Alejo Pérez: Preparar una obra maestra como ésta requiere tiempo. Es uno de esos títulos que, aunque todavía no estén en los planes de un director, uno la explora, la investiga. Soy amante de Verdi, sobre todo del Verdi maduro, incluso de algunas obras que no integran el canon más masivo, como “Simon Boccanegra”. Este será mi primer “Otello” después de haber hecho “Don Carlo” varias veces, además de “Nabucco” y “La traviata”. Es revelador que Verdi, después de muchos años de un retiro que parecía definitivo, regresara a la ópera con una obra basada en Shakespeare, con quien tenía una afinidad tan grande. Todo pasa por una serie de filtros y desemboca en una síntesis teatral, con un ritmo fluido, casi vertiginoso. Aunque Arrigo Boito escribió el libreto, Verdi intervino activamente en los ajustes. Es una partitura muy corregida y marcada. Esa concisión, paradójicamente, le da mayor libertad para definir las numerosas facetas psicológicas de los tres personajes principales, Otello, Desdemona y Iago. Todo está sostenido por un color orquestal verdiano: no inventa una receta nueva, pero trabaja con una mano maestra.

P.: ¿Se acerca más al siglo XX?

A.P.: Tal vez desde el punto de vista tímbrico más que en el lenguaje musical. En este aspecto, Verdi sigue siendo Verdi; no abre nuevos horizontes armónicos. Vocalmente también es el Verdi de toda su obra.

P.: Otello es uno de los papeles más difíciles para tenor. El cantante tiene que empezar con ese “Esultate!” allá arriba que Mario del Monaco hizo famoso hace décadas.

A.P.: Es verdad. Siempre hay referencias ineludibles que permanecen en la cima del Everest durante unas tres generaciones, no más, y que después se van renovando. Eso evoluciona. La voz operística, en general, fue mutando sutilmente hacia un color más lírico, menos abundante. Cada vez es más raro escuchar un color heroico.

P.: Siempre sospeché que Verdi sentía más simpatía por Iago que por Otello. No sé si a través de su aria más famosa, el “Credo”, que termina afirmando que no hay nada después de la muerte y que el cielo es una mentira, el compositor nos está confesando su agnosticismo, o su ateísmo.

A.P.: Yo hablaría de escepticismo: un escepticismo acompañado por esa leve sonrisa, en un costado de la boca, que uno imagina en ese viejo sabio de Verdi. Otello carga con varias condiciones: es un hombre mayor, tiene poder, es moro y no parecía, a priori, la elección más previsible de Desdemona. Todo eso le aporta facetas y matices. Pero es verdad que, para un compositor, Iago es un personaje fascinante, uno de los villanos más ricos del repertorio. Trabaja sobre la psicología del moro, y Verdi explota magníficamente el manejo del susurro. Es algo parecido a lo que ocurre en la película “Inception”, de Christopher Nolan: Iago le implanta una idea a Otello y consigue que la crea propia. La partitura contiene numerosas indicaciones sobre ese aspecto; por momentos parece que uno estuviera leyendo una partitura de Massenet. Son indicaciones de color que exceden la mera dinámica —piano, mezzopiano, forte— y precisan cómo abordar el parlato o el susurro. Para un intérprete, es una paleta riquísima.

P.: El primer dúo de amor entre Otello y Desdemona tampoco se parece a los dúos de amor tradicionales de Verdi. Tiene una carga melancólica que ya anticipa la tragedia.

A.P.: Exacto. Desdemona también trae una historia a sus espaldas. Es una mujer de la nobleza, segura de sí misma, que no se deja arrastrar con facilidad. En la bellísima escena del cuarto acto vuelve sobre sus recuerdos. Todo eso enriquece el personaje.

El maestro Alejo Pérez al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón, de la cual es titular desde este año. Foto: Juanjo Bruzza. Gentileza Teatro Colón

El maestro Alejo Pérez al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón, de la cual es titular desde este año. Foto: Juanjo Bruzza. Gentileza Teatro Colón

La puesta en escena

P.: ¿Cómo trabajaron con el régisseur Fabio Sparvoli?

A.P.: Como trabajo siempre: dejo que haga su tarea con libertad, pero también me involucro si lo considero necesario.

P.: ¿El director de orquesta tiene autoridad para decir «esto no va» cuando considera que algo es inapropiado teatralmente?

A.P.: No solo tiene esa autoridad: es su responsabilidad para llevar adelante el espectáculo. Cuando no interviene el director de orquesta, no suele hacerlo nadie. Excepcionalmente puede hacerlo el director artístico del teatro, pero su presencia sostenida durante los ensayos es cada vez menos frecuente. Con el régisseur somos los dos capitanes del barco. Después del estreno, él se va, mientras el director musical sigue al frente de cada función. Para desarrollar una idea escénica, aportar elementos o resolver algún problema, la responsabilidad es compartida.

P.: ¿La puesta de Fabio Sparvoli es tradicional o rompe con algunos aspectos acostumbrados?

A.P.: Por lo que vi en los bocetos de escenografía y vestuario, y también en algunos ensayos, es una lectura que se atiene a la obra.

P.: ¿Prefiere las puestas rupturistas o las tradicionales?

A.P.: Valoro las puestas que traducen una obra con precisión, mantengan o cambien la época en la que transcurre. A raíz de un concierto en el que dirigí “Don Quijote”, de Richard Strauss, volví a la novela de Cervantes, que por cierto es uno de los libros más divertidos que leí en mi vida. Lo fundamental es la relación entre Don Quijote y Sancho, más allá de cualquier época. Por ejemplo, cuando en “Don Giovanni” aparece el derecho de pernada, si uno no hace una pequeña traslación al presente, esa dimensión puede perderse para el público y, con ella, el contenido emocional que tenía en la época de Mozart y Da Ponte.

P.: Pasemos a su cargo como nuevo director titular de la Orquesta Estable. ¿Qué aspectos de su experiencia europea pueden aplicarse aquí? ¿Cómo encuentra hoy a la orquesta?

A.P.: La Estable está muy bien. El año pasado se hicieron muchos concursos en los que participé como jurado. Era algo históricamente postergado en el teatro, por lo que resultó muy positivo que se abrieran esos concursos para cubrir las vacantes disponibles. Así ingresan músicos con un perfil renovado y una técnica muy fresca. Ahora vamos a trabajar con este nuevo grupo de colegas. Eso permitirá afianzar el sonido y la identidad de la orquesta, algo necesario. Lograr un sonido propio lleva tiempo, y esa es una de las funciones del director titular. Siempre estuve muy a gusto con la Estable. En cuanto a la primera parte de la pregunta, soy reacio a “importar” modalidades de trabajo. Mi forma es siempre la misma, esté donde esté. Desde luego, no se trabaja de la misma manera en Alemania que en Japón, Italia, Escandinavia o la Argentina, porque existen diferencias culturales. Pero, en el nivel musical, mi trabajo no cambia. Podríamos decirlo así: como director invitado, uno siempre trata de elevar el techo de una orquesta; como director titular, intento elevar el piso. Busco que exista un nivel mínimo por debajo del cual la orquesta no caiga, incluso durante mi ausencia. Ese piso debe ser lo más alto posible y requiere un trabajo visible, permanente y orientado en una misma dirección. También hay que tener en cuenta que el Teatro Colón ha sido siempre un teatro complicado en todos sus niveles. Muchos organismos necesitan ocupar la sala principal, y eso impone limitaciones técnicas, de tiempo y agenda. Mi función incluye además participar con la dirección artística en la preparación de las próximas temporadas y dar una batalla personal para que la Estable tenga su propio ciclo de conciertos sinfónicos en el Colón.

P.: Usted estrenó una ópera propia, “Tenebrae”. ¿Está trabajando en alguna otra?

A.P.: No, eso pertenece a una vida pasada. Además de “Tenebrae”, compuse algunas otras cosas, pero cada vez que pienso en ellas es como si fueran de otra persona.

“Otello” se representará los días 14, 15, 18, 19, 20, 22 y 25 de agosto, a las 20, y los domingos 16 y 23, a las 17. Gregory Kunde cantará el papel protagónico los días 14, 16, 19 y 25; Michael Fabiano, el 15, 18, 20 y 23; y José Azócar, el 22. Maria Agresta será Desdemona el 14, 16, 19, 23 y 25, y María Belén Rivarola, el 15, 18, 20 y 22. Daniel Luis de Vicente interpretará a Iago el 14, 16, 19 y 25, mientras que Fabián Veloz lo hará el 15, 18, 20, 22 y 23. La dirección escénica es de Fabio Sparvoli. Se trata de una nueva producción del Teatro Colón, en coproducción con el Auditorio de Tenerife.

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