9 de mayo 2005 - 00:00

Viaja a Venecia ambigua obra religiosa de Macchi

Esquema de La Ascensión de María de Jorge Macchi: arriba, el fresco; debajo, la colchoneta. Se trata de un artista con sensibilidad y talento, pero muchos expertos reconocen estar desconcertados.
Esquema de "La Ascensión de María" de Jorge Macchi: arriba, el fresco; debajo, la colchoneta. Se trata de un artista con sensibilidad y talento, pero muchos expertos reconocen estar desconcertados.
La Cancillería argentina y la curadora Adriana Rosenberg presentarán el 12 de junio, en la Bienal de Venecia, «La Ascensión», una instalación performática y sonora de Jorge Macchi y el músico Edgardo Rudnitzky. La obra, según explicó el artista la semana pasada, durante una reunión en el palacio San Martín, fue creada luego de tres noches de insomnio y condicionada al lugar, un enclave de alta visibilidad cercano al Puente del Rialto, que -a falta de pabellón propioalquiló la Cancillería en Venecia.

El pequeño Palagraziussi, u Oratorio de San Filippo Neri (140 metros cuadrados), es ahora una sala de conciertos y conferencias, un bien histórico cargado de intocables ornamentos barrocos, que bien puede cumplir el oficio de exhibir arte, pues se puede tapar su dramática arquitectura y convertirlo en una caja blanca. Pero Macchi decidió subordinar su obra al lugar, intervenirlo con su habitual sutileza.

Según la descripción del artista, el Oratorio exhibe en el techo -rodeado molduras con curvas y contracurvas-, un fresco llamado «La Asunción de María» pintado en 1771 por Tommaso Cassani Bugoni da Antón Maía Zanetti. Luego, señala que para crear la obra comenzó por investigar la historia de «La Asunción», uno de los misterios del catolicismo, y descubrió que de acuerdo con los Dogmas Marianos, el cuerpo de la Virgen María fue glorificado después de su muerte, «mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo». El fresco muestra a María que ya ascendió a los cielos, junto a los ángeles, y de allí el título y el sentido de la obra de Macchi: «La Ascensión».

La instalación consiste en extender bajo el fresco, una cama elástica color azul, « semejante a una Pelopincho», señala el artista, «con las mismas formas y medidas del mural». La curadora aclara que durante los días de inauguración, un acróbata saltará sobre la cama elástica, produciendo el sonido de un tambor, y que la música de Rudnitzky para viola de gamba, se oirá intermitentemente a cada hora o a través de auriculares.

El sentido de la obra es, antes que nada, y a través de la performance del equilibrista, el patético intento de «ascender a los cielos dando saltos en la cama elástica», aunque además se puede entender como un homenaje al Oratorio. Pero no es otra cosa. La mayor parte de los invitados de la Cancillería, ponderan la «genialidad» del proyecto, mientras apenas unos pocos (tanto legos como eruditos en la obra de Macchi) confiesan que el planteo del artista los desconcierta.

• Antecedentes

Es cierto: Macchi tiene antecedentes que prueban su talento y su afinada sensibilidad, pero también que esta vez su obra se aleja del drama y se inclinahacia el humor. Claro, con su personal y delicado estilo, aborda el tema religioso a través de una metáfora que difiere de las irreverencias de León Ferrari. Pero, de todos modos, habrá que ver su proyecto convertido en obra para juzgarlo. Como gran parte del arte neo conceptual que se exhibe en el circuito internacional, la propuesta de Macchi es casi una broma. Inteligente, por supuesto, cargada de intencionalidad, ya que plantea dudas sobre la resurrección y hasta sobre la existencia de Dios. Pero el concepto de la cama elástica oscila entre la inocencia y el humor, y no deja de ser finalmente una humorada heredera de Duchamp.

El caso, es que a Macchi parecen lloverle propuestas de todo el mundo, pues después de Estambul y San Pablo llega a Venecia por partida doble, también invitado por una de las curadoras de la Bienal para presentar otra instalación. Al igual que a Rosenberg, que inició su carrera internacional con una impecable muestra de la abstracción argentina en Italia, y apenas culminó el envío a la última Bienal del Mercosur, quedó a cargo de Venecia. En la Bienal, el mayor enclave de consagración, ambos, artista y curadora, decidieron apostar fuerte.

Si
«La Ascensión» logra el debido equilibrio entre la moderación y el descontrol (uno de los méritos del artista), si alcanza el nivel poético de una obra como «Música incidental», si comunica la desesperación de «Víctima serial» y ostenta la clarividente intuición de «Monoblok», las apuestas de la Cancillería (Gloria Bender y Sergio Baur) que aporta 80% del costo del envío, más las de los patrocinantes ( Fundación arte BA, Nelly Arrieta y los coleccionistas Silvia Gold y Hugo Sigman), con 20%, estarán justificadas. Porque el arte es así, totalmente impredecible.

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