19 de mayo 2003 - 00:00

Vuelve viejo debate: ¿un arte light o un arte comprometido?

Vuelve viejo debate: ¿un arte light o un arte comprometido?
Una semana particularmente activa despuntó el lunes pasado, cuando 300 personas interesadas en el debate «Arte Rosa Ligth y Arte Rosa Luxemburgo» colmaron la capacidad del auditorio del MALBA. El público estaba mayormente integrado por artistas de la última generación, desde quienes llegaron desde el Centro Villa Flor de Avellaneda y contaron que les costó juntar las monedas para el colectivo hasta aquellos que circulan habitual-mente por el lobby del museo, además de críticos, curadores y operadores culturales.

Lo cierto es que tanto el auditorio como los disertantes coincidieron al afirmar que discutir sobre la disyuntiva entre el «Arte rosa light», presuntamente ajeno al compromiso social que floreció durante la década pasada en el Centro Cultural Rojas, y el «Arte Rosa Luxemburgo», con contenido político y cuya demanda crece en este último año, resulta inconducente.

Sin embargo, los artistas esperaban encontrar respuestas a cuestiones que pocos se atreven a plantear de frente. Los aparentes enfrentamientos teóricos fueros expuestos al inicio del debate por Andrea Giunta y Ana Longoni, quienes con rigor académico plantearon algunos antecedentes de «esta batalla nunca resuelta en la historia del arte», como la de los surrealistas Breton y Aragon y la de la propia Rosa Luxemburgo, artista además de revolucionaria.

Los integrantes de la mesa parecían estar de acuerdo con que el arte, como la rosa de Angelus Silesius, «es sin porqué, florece porque florece». Es decir, que cualquiera sea su inspiración, el arte simplemente despliega su encanto y toda disputa es absurda. «Y ya existe el arte político light», añadieron desde la platea.

Pero Roberto Jacoby se ocupó de ponerle el nombre a la rosa y comenzar a rasgar el velo, cuando deslizó en su discurso que «instituciones del extranjero hacen aportes que no son desinteresados» y al contar que «un curador llegó al país y aconsejó a los artistas radicalizar aún más su discurso político». Agregó que «el trabajo de algunos artistas ya no se diferencia de la labor social», y aclaró que el fenómeno es internacional, al recordar el reciente affaire de Brasil, donde con una actitud demagógica intentaron limitar los patrocinios estatales tan sólo al arte «solidario y popular».

En este sentido, el público se-ñaló que gran parte de la crítica local, que legitimó durante los años noventa un arte descomprometido, cambió de rumbo y sigue las consignas de las bienales de Kassel y Documenta. También es evidente que quienes se embarquen en este rumbo tendrán mayor visibilidad.

La artista
Magdalena Jitrik ayudó a disipar dudas al manifestar sin reparos que durante una década estuvo excluida de los circuitos de exhibición, y que su arte politizado goza hoy de una aceptación inesperada. Coincidió en cierto modo con Jacoby, al aceptar que el interés de las instituciones se ha desplazado de la tendencia «rosa light» hacia el rosa luxemburgués. Jitrik contó que sin resignar la complejidad y calidad de la obra, decidió llevarla a la calle, donde plantó un taller de serigrafías e imprime afiches y remeras.

La posición «rosa light» quedó a la vista en los videos del Proyecto Venus, una red multidisciplinaria creada hace dos años por artistas afanados en proteger su libertad y dar rienda suelta a la expresión de deseos. Con su propia moneda, el Venus, que sirve tanto para la compra de obra como de otros servicios de género por demás variado, los artistas aseguran que ataron «lazos más fuertes que los tradicionales dentro del mundo del arte».

Esta despreocupada actitud de quienes se autodenominan «hacedores del placer» irrita a quienes aceptan a regañadientes la diversidad. Pero más allá del antagonismo de los fundamentos teóricos, se percibe un juego de poder, donde lo que está en danza es la aceptación de los artistas, pero según sea su encuadre en determinado estilo. «Necesitamos hablar de frente sobre quién legitima la obra, no sea cosa de que pasemos otra década sometidos a un nuevo discurso», concluyó el artista
Lionel Luna, una vez finalizado el debate, en la puerta del Museo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar