La entrada de Sturzenegger completa la casta de technopols que se veía venir en el gobierno de Javier Milei. Indiscutiblemente, los technopols ya están en la superficie, no solo Sturzenegger, Caputo y Patricia Bullrich, también Guillermo Francos, Pablo Quirno, Santiago Bausili, Leonardo Madcur y otros en la segunda y tercera línea.
Coincidencias entre O'Donnell y Javier Milei
Esta particular mezcla de técnicos y políticos, ahora bajo el mando de un analista corporativo devenido presidente, está vinculada a la implementación de un denuedo confuso por introducir las invariables reformas neoliberales.
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Son los intersticios y resurgimientos de los equipos del tipo Krieger Vasena, Martínez de Hoz, los hermanos Alemann. Gente que no se marchaba nunca. Esta particular mezcla de técnicos y políticos, ahora bajo el mando de un analista corporativo devenido presidente, está vinculada a la implementación de un denuedo confuso por introducir las invariables reformas neoliberales.
The Wall Street Journal publicó en su tapa la foto de Javier Milei y Victoria Villarruel subidos a un tanque militar. “Los líderes de Argentina dan tanques por la independencia”, invocaba el título, que buscó hacer un juego de palabras entre las frases “dar tanques” y “dar las gracias”, dos palabras (tank y thanks) que se escriben y pronuncian de modo parecido en el lenguaje inglés. Durante la difusión del acontecimiento también se observó una bandera con una consigna: “Los carapintada tienen razón”, que recordó los intentos fallidos de golpe de Estado de 1987, y 1990, sin que ninguna autoridad les pida que la retiren.
LA OBRA DE O’Donnell
En los estudios de los regímenes políticos latinoamericanos hay una problematización del rol de las élites tecnocráticas en los gobiernos. Una de las reflexiones pioneras fue la del politólogo argentino Guillermo O’Donnell en su investigación sobre el Estado burocrático- autoritario.
Desde sus primeras elaboraciones, el autor utilizó esta categoría para referirse a regímenes socialmente excluyentes, producto de golpes de Estado con control y represión de la participación política de los sectores populares, en los cuales los actores principales de la coalición emergente son los tecnócratas. Estos tecnócratas, dice O’Donnell, entran en estrecha asociación con los capitales extranjeros.
Los casos que inspiraron al autor en su conceptualización del Estado burocrático autoritario fueron la dictadura iniciada en Brasil a partir de 1964, la Argentina de las dictaduras de Onganía y Lanusse entre 1966 y 1972, la dictadura de Pinochet, iniciada en 1973 hasta 1990 (aunque abarcó sus primeros años), y el proceso similar en Uruguay. Naturalmente, la dictadura cívico-militar argentina entre 1976 y 1983 también entró en esta caracterización del autoritarismo burocrático.
Estos roles tecnocráticos serían consecuencia de la relación entre Estado y Sociedad que emana del régimen. De esta forma, la relación entre los roles tecnocráticos y la deriva autoritaria luce inevitable. El ascenso de los empresarios llega, sólo cuando la garantía de estabilidad económica y política a corto plazo ha asegurado grandes inyecciones de capital extranjero. Esto último podría explicar (el cómo) las inversiones extranjeras no llegan, y (porqué) se sigue manifestando una incertidumbre constante.
Una conceptualización alternativa a la de O’Donnell es la de Jorge Domínguez (1997). Realizado años después, democratización regional mediante y ya en plena década de reformas económicas neoliberales. Aunque no tan influyente como el trabajo de O’Donnell sobre el Estado burocrático autoritario, lo de Domínguez es representativo de una camada de investigadores de la ciencia política latinoamericanista que asumió el reto de pensar el rol de tecnócratas y élites económicas en el contexto de un régimen democrático competitivo. Académico de Harvard, define a un tipo de economistas, a los que llama “technopols”, que han cumplido un rol importante en la vida política y en la liberalización política y económica de varios países.
Los “technopols” asumen un papel de especialistas, técnicos o científicos capaces de generar y persuadir sobre políticas, a partir de sus ideas. Devienen políticos-eran economistas agentes de cambio, si son capaces de entender la política y si se les permite ser abiertamente ser “pols”.
Sin que el desprestigio que llevó a los economistas a la degradación post De la Rúa y Macri sea un obstáculo, estos tecnócratas se presentan de nuevo…
Aparentemente postulan políticas racionales, antes eran autodenominados “macroeconomistas profesionales”, que trabajaban en equipo. LLA imagina poder operar a través de diferentes enfoques y aportar sus símbolos a la vida nacional, sin rigor filosófico. Lo cierto es que, en solo siete meses, la escasez de habilidades ejecutivas (falta de gestión) es precisamente el problema. La avenida LLA ideológicamente es de “mano única”, aunque con varios carriles de velocidad, donde los vehículos se fueron cruzando y componiendo una inconcebible ensalada económica orto-heterodoxa.
Esos “seres atemporales” (los technopols) con alto entrenamiento técnico, dice Domínguez, han estado allí siempre, y han participado en una diversidad de culturas y sistemas políticos, combinando y logrando sortear la tensión entre sus conocimientos expertos, las habilidades políticas, la administración, e incluso sus pasiones, en una proporción necesaria para el contexto en el que se lo requiera. Muchas veces se dice que una persona es “atemporal” cuando su legado se mantiene vigente aún con el paso del tiempo. El adjetivo “atemporal”, suele aplicarse a ciertos actores, que, pese a los cambios de estilo e intereses, gozan de un incomprensible reconocimiento continuo (El Messi de las finanzas”, “el economista más entrenado, egresado del MIT”). Ver las mismas caras y escuchar las mismas preguntas de la gente. - ¿Como puede ser que este tipo este de nuevo allí, después de todo lo que hizo?
Lo cierto es que los technopols, estas figuras públicas supieron hacer de la economía, las finanzas, y el negocio algo político. Referido a los technopols Domínguez tiene en mente, entre otros, a Domingo Cavallo, el patriarca de la mayoría de los economistas presentes; los technopols han hecho las políticas económicas aceptables para el público, sobreviniendo luego el quiebre de la convertibilidad, la caída de un gobierno democráticamente elegido, y el default de la deuda pública.
La dominancia económico-financiera que había sido experimentada, desde el peronismo y con Menem, se había dado en un contexto de sólidas bases de gobernabilidad política. Con De la Rúa y la Alianza no funcionó y a Macri lo sostuvieron los medios, el círculo rojo, y el FMI. No está muy claro como estará sostenido Milei en el futuro. No fue muy feliz armarse una fiestita y subirse a un tanque con la vicepresidente.
En medio de una corrida cambiaria la pregunta del millón es: - ¿Sera posible lograr el éxito de la tecnocratización si se resquebraja la coalición política Milei-Macri-Bullrich? -Porque justamente los technopols en el ministerio de economía y el BCRA durante las dictaduras, y la tecnocratización de los economistas, invariablemente contribuyeron a las crisis de gobernabilidad, crisis financieras y sociales de la historia argentina.
Mariana Heredia identifica en la segunda mitad de los años 70 como se yuxtaponen procesos y fenómenos que hacen posible erigir a los especialistas económicos en autoridades públicas: la inflación, por un lado, como un fenómeno que desbordaba la realidad, como una especie de flagelo; y por otro, las malas prácticas económicas y malas decisiones políticas por parte de las autoridades.
Hemos recorrido casi 60 años desde Krieger Vasena, más de 45 desde Martínez de Hoz y, otra vez intentamos la receta catástrofe con actores sucedáneos. La inflación no baja del doble del peor año de Cristina Kirchner, la mala praxis es fuertemente denunciada aun por economistas de la misma ideología del equipo oficialista, todo ello sin contar la alarmante caída de 10 puntos de popularidad del presidente Milei.
Las coyunturas críticas, los procesos sociales de deterioro prolongado pueden devenir incrementales, involucrando cadenas que pueden significar hipótesis aún más fuertes que 2001. Las rutinas de investigación imbricadas nos permiten elaborar hipótesis para debatir. Hay que decir que cuando hablamos de 2001, estamos tratando un caso restringido y temporal. No se puede generalizar, pero se puede aprovechar, para establecer un punto de partida para el debate.
Volviendo a O ‘Donnell, el célebre politólogo teorizó sobre la despolitización y el dominio de la política por lo económico-financiero, y como esta despolitización requiere de un régimen que controle a la población por la fuerza. Pero O ‘Donnell reflexionó observando dictaduras militares y hoy estamos en democracia, más allá de ciertos brotes preocupantes de intolerancia y prepotencia que se observan impunemente.
Aunque es cierto que la represión podría ser una opción creciente, preferimos pensar que los inveterados tecnócratas de 2001 y 2018 (que estan por segunda, tercera vez y, hasta cuarta vez) serán capaces de ver con anticipación los problemas financieros, políticos y sociales que enfrenta el presidente. El “círculo rojo” condiciono a De la Rúa, luego a Duhalde, a Kirchner y más tarde a Macri. Milei no sería la excepción, precisamente su promoción procede de una delegación más que obvia de grandes grupos locales. No parece buena idea la de Guillermo Francos, diciéndole al “circulo rojo”: “Depende de ustedes que los argentinos tengan el futuro económico que se merecen”.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
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