28 de septiembre 2004 - 00:00

Entusiasmados, radicales rebeldes harán pie en terreno bonaerense

Raúl Alfonsín
Raúl Alfonsín
La rebelión de los príncipes que desterró a Raúl Alfonsín del dominio que ejerció en las últimas dos décadas en la UCR tendrá otro round en Buenos Aires: los radicales disidentes pujarán para trasplantar en la provincia la tendencia de otorgar libertad de acción en las alianzas electorales.

Tras el golpe en la convención nacional contra el oficialismo de la UCR bonaerense, los rebeldes del Grupo Olavarría buscarán ahora golpear al trío que integran Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani en el corazón de su poder: Buenos Aires.

Hay una primera instancia. En octubre, el radicalismo provincial montará su propia convención para atender cuestiones vinculadas a los padrones partidarios y a la carta orgánica, propuesta de depuración y renovación varias veces prometida, pero sólo concretada a medias.

Los disidentes tienen decidido no participar de la convención, como ya lo hicieron con el congreso doctrinario que Moreau y Storani organizaron en Mar del Plata. Sin embargo, enviarán una delegación, simbólica, para dejar sentada su posición respecto de la libertad de acción en cuanto a las ententes electorales.

• Catálogo

Ese movimiento forma parte del catálogo que el grupo de intendentes -unos 20- y legisladores -15 entre nacionales y provinciales- comenzaron a delinear y que abarca desde las «cercanías» políticas hasta la instalación de figuras propias en el ring político. A saber:

• El triunfo de los radicales «con gestión» -así se autorreferencian porque gobiernan provincias y municipios- sobre el núcleo
Alfonsín-Moreau-Storani marca un quiebre que derivará en movimientos dentro de la UCR, fortaleciendo la postura de los disidentes porque tras la derrota, el oficialismo comenzará a desintegrarse. Advierten, por caso, que ese grupo aportó alrededor de 25 votos a favor de Adolfo Stubrin en la convención, lo que terminó volcando la balanza a favor de ese candidato, y que esa valoración se comprobó en los encuentros que Angel Rozas, Roberto Iglesias y Ricardo Colombi mantuvieron con delegados de los Olavarría. Otro dato de fuerte simbolismo es la entronización de Helios Eseverri, el intendente de Olavarría y gestor de la rebelión, como número tres de la convención. De todos modos, no postulan la guerra total. «No queremos hablar del fin de una etapa, sino del comienzo de un nuevo proceso», profesaba, feliz, el diputado nacional Roberto Costa a todo el que se le cruzaba.

• En cuanto a la libertad de acuerdos, los disidentes promueven un modelo que permita a los intendentes, en el nivel local y el seccional, especialmente, sellar las alianzas que consideren más convenientes. En definitiva, advierten, los votos del radicalismo se aportan
de abajo hacia arriba; es decir; desde los municipios, no desde los candidatos macro. Citan, como ejemplo, el 10% que juntó Margarita Stolbizer en la elección de 2003, que sumó en el interior y derrapó en su propio distrito, Morón, donde salió quinta.

• Pero esas alianzas tienen un límite: no hay, por caso, posibilidad de un acercamiento a
Mauricio Macri porque, más temprano que tarde, entienden los disidentes, el presidente de Boca terminará en los brazos de Eduardo Duhalde o siendo funcional al peronismo bonaerense. Sí, en cambio, está todo abierto para arrimarse a Ricardo López Murhpy o Elisa Carrió. Claro que fijan sus condiciones: ni López Murphy ni Carrió cuentan con estructura propia en la provincia y por eso los rebeldes aspiran a instalar su espacio y a un puñado de referentes de éste (la figura saliente es Gustavo Posse, lord de San Isidro, que saldrá de gira por la provincia), para que sean Recrear o el ARI los que necesiten a la UCR disidente y no al revés.

«No hay que echar a nadie pero algunos necesitan descansar», dicen, irónicos, los rebelados. Pero Leopoldo Moreau no lo entiende así. Ayer, furioso, salió a responder a Rozas porque el chaqueño advirtió que la UCR perdió votos porque sus seguidores históricos dejaron de creer en los dirigentes del partido. Retrucó Moreau: «Rozas omite mencionar la crisis del radicalismo tras la catastrófica gestión de De la Rúa, tal vez porque él tiene responsabilidad, ya que siendo el titular del partido se calló la boca frente a los desvíos y aberraciones de ese gobierno». Y lo cruzó: « Cuando Rozas habla de pasos al costado habría que preguntarle si se refiere a los ex funcionarios del gobierno delarruista; a los que, como él, fueron autoridades partidarias en ese período; a los que votaron a Rodríguez Saá; a los que hicieron lo propio con López Murphy, o a los que les andan mendigando una alianza a Carrió o a Macri».

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