7 de septiembre 2004 - 00:00

Pintadas pro Cristina ponen nerviosos a los duhaldistas

"Cristina vuelve" pronostica la consigna de brocha gorda y aire retro en las pintadas que aparecieron en las paredes del conurbano durante el fin de semana. Cristina es Cristina Kirchner y el «vuelve», tan peronista y setentista, refiere al retorno de la senadora a la ciudad donde nació, La Plata, no en viaje nostálgico sino para apropiarse de Buenos Aires. ¿Se fue alguna vez esta platense que representa a los santacruceños?

Hasta ahora, esa amenaza de paredón fue el único ademán palpable del aún no concretado lanzamiento de la primera dama en la provincia.

Claro que, anacrónico o inoportuno, el graffiti generó otros entre los bonaerenses. El más visible fue la reaparición de dos duhaldistas que, casi en simultáneo y aprovechando el ruido de los tambores, se apresuraron a promocionar sus pretensiones electorales a futuro.

Ambos son reincidentes en el juego de las candidaturas frustradas. Se trata de Osvaldo Mércuri y Alfredo Atanasof, que usaron medios platenses para anunciar sus deseos de gobernar Buenos Aires cuando Felipe Solá, sin reelección posible, deba mudarse sin destino fijo.

Mércuri
, a través de una revista local, anticipó que tiene «un plan para gobernar la provincia». Se presume -pero con el duhaldismo nunca está del todo claro- que el plan que mandó a diseñar el jefe de los diputados bonaerenses es para aplicarse recién en 2008. No antes.

Atanasof
prefirió la radio. Luego de entregar una PC en Berisso, se confesó ante un movilero: «Quiero ser gobernador». La revelación ya se las había hecho a los delegados de la Federación de Trabajadores Municipales cuando, por carta, les pidió que empiecen a recolectar fondos para su campaña.

Pero aquello fue en la intimidad del correo sindical y como tal no cuenta. El anuncio público fue por radio el miércoles de la semana pasada.

Tanto para Mércuri -superado el conflicto por la interna peronista de Lomas de Zamora- como para Atanasof, Duhalde es una especie de lazarillo político. Ninguno da un paso, relevante o no, sin antes notificar al ex presidente. Sus lanzamientos no son la excepción a esa regla de oro.

Ocurrió en las dos ocasiones -1999 y 2003, ambas fallidas- que
Mércuri anunció su decisión de pelear por la gobernación. También cuando Atanasof se anotó como precandidato en una larga lista que, finalmente, Duhalde depuró hasta dejar un único nombre: el de Felipe Solá.

Como es su costumbre, el ex presidente deja hacer:
«Si te parece, dale para adelante», dice Duhalde sabiendo que, si es necesario, sus súbditos aceptarán su designio y le servirán como alfiles o, meros peones, en un ajedrez mayor en el que reserva a su reina, Chiche.

Como otros tantos duhaldistas,
Atanasof y Mércuri tienen registrada la charla de principios de 2003 cuando Chiche Duhalde, en su casa de Lomas de Zamora, rehusó ser candidata a gobernadora en reemplazo de Solá pero les anticipó: «Mi turno es 2007».

No todo, sin embargo, se explica por la presunta llegada de
Cristina Kirchner. La pasión del ministro del Interior, Aníbal Fernández, por recorrer los fines de semana la provincia -giras suspendidas ahora que encontró trabajo- sembrando para 2007 apareció como un motivo colateral, al menos para Atanasof.

El ex jefe de Gabinete sueña con un duelo mano a mano con el quilmeño que, hasta que
Kirchner le delegó la seguridad, paseaba por la provincia repartiendo los libros donde condensó los discursos de Eva Perón. En poco tiempo, A.Fernández retomará esos rallies promocionales si le dejan tiempo los desvelos de la (in)seguridad.

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