26 de abril 2023 - 00:00

Sueños, entresueñosy alucinaciones deLeón, Carballo y Burton

La galería Ruth Benzacar inició su temporada con muestras simultáneas
del arte de tres mujeres intensas, cada cual con su propia marca estilística.

Pintora de fin de semana. Un sector de la exuberante instalación de Catalina León, en la sala principal.

Pintora de fin de semana. Un sector de la exuberante instalación de Catalina León, en la sala principal.

La temporada de la galería Ruth Benzacar se inició con tres muestras de mujeres intensas, Catalina León, Aída Carballo y Mildred Burton, cada una con su especial diversidad estilística, sus visiones y alucinaciones, sus sueños y entresueños.

En la gran sala bañada por una luz dorada y cubierta con el esplendor de las inmensas telas que descienden del techo y tapizan en gran medida las paredes, se exhibe “Pintora de fin de semana” de Catalina León. La exuberante instalación donde el bordado y la pintura juegan papeles cruciales, le demandó a la artista nueve años de trabajo con una aguja y el pincel en la mano. La libertad de las formas, el predominio de los colores ocres, dorados, naranjas, azules, rosados y rojos profundos, y los materiales como el durlock o el papel, hilos y telas mayormente traslúcidas, como el voile de algodón en color crudo, le deparan al espectador percepciones que, si bien coinciden con la contemporaneidad del planteo, traen el recuerdo de historias lejanas y despiertan esa eterna fascinación del hombre por los tapices.

La ambientación tiene un efecto envolvente y está llena de resonancias fuera del tiempo. Contemplar en medio de la sala la fantasía de un oasis, con un ojo de agua donde crecen las plantas floridas , trae el recuerdo de las historias de “Las Mil y Una Noches”. Es más, hay algo en la artista del orden físico, cuando interactúa con la obra, emparentado con la seducción de un personaje como Scheherezade. Ella, como si estuviera en el desierto, sumerge una tela en el agua y después la pone a secar.

Los tapices y la luz albergan al espectador en la configuración artística. Allí mismo, según sea la distancia del que mira, se podrán ver los bordados con mayor detenimiento, percibir los juegos entre lo visible con lo invisible y los campos de colores como oleadas de pinturas abstractas. Los gestos de la pintura recuerdan los de una danza. Entretanto, los territorios obscuros representan la noche o el fondo de un río.

Un texto de la artista Juliana Iriart acompaña la muestra y aclara que las obras de la exhibición invitan a “sentir sin necesidad de entender, ¡es una aventura llena de vida! En esta muestra podemos mecernos entre el pasado y el futuro, entre criaturas, agujeros, cantos, sudores, flores, líneas, plumas, fuentes, sombras, velos, tierra, belleza, soles, miedos, tristezas, amor, alegría, temblores, órbitas, aburrimiento, dolor, fuerza. En este presente nada, nada, nada, queda afuera. Nos habilita el derecho a perdernos, a dejarnos llevar por la pintura que muchas veces parece emanarse a sí misma”.

En un espacio semejante a una pérgola se encuentran, disponibles para el visitante, unas impresiones redondas de papel con 64 frases tomadas del I Ching. “Las puse para que la gente se las lleve como galletas de la fortuna…”, señala la artista.

En un diálogo con el teórico Ticio Escobar acerca de sus pensamientos, Catalina León, observó hace ya tiempo: “Mientras trabajo tengo presente la idea, pero no se trata de una idea previa: se manifiesta cuando la obra está concluida. La pintura no traduce un pensamiento anterior a su propio proceso: lo va conformando y expresando en el curso de ese proceso. Al comienzo, yo partía de algo urgente que decir, algo ya definido, pero posteriormente llegué a concebir la producción de la obra como el acto de rodear un vacío, como un hecho de desdecir más que de decir”. El concepto de “lo femenino” está abiertamente representado en la muestra, aunque la artista no lo considera determinante. Catalina León participó de la Beca Kuitca del Centro Cultural Rojas y ganó en 2007 el Primer Premio arteBA de Petrobrás con la instalación “Patio o pintura para piso y plantas”, obra que está en la génesis de la muestra actual. En 2010 creó Vergel con otros artistas, un proyecto donde se relaciona el arte con la salud y la educación. Hoy es coordinadora y docente de Vergel y trabaja en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez.

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