El proceso de ratificación del Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur entró en una etapa decisiva. En los próximos días, autoridades del organismo de Europa viajarán a Asunción el 17 de enero, donde firmarán formalmente el tratado junto a representantes de los países de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Acuerdo Mercosur-UE: cómo será la ratificación y qué falta para que entre en vigencia
Luego de la firma, Europa y cada país del organismo sudamericano realizarán su propio proceso de revalidación. Estiman que su aplicación tendrá lugar a finales del 2026.
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El acuerdo entre el Mercosur y la UE llegó a su etapa de ratificación.
Esta instancia no implica aún la entrada en vigencia, pero sí marca el inicio del camino institucional que debe recorrer el acuerdo para transformarse en una norma aplicable en ambos bloques.
Qué sucede después de la firma
El tratado avanzará en paralelo por dos carriles. Por un lado, el texto pasará al Parlamento Europeo para su tratamiento y eventual aprobación. Por otro, cada país del Mercosur iniciará su propio proceso de ratificación, de acuerdo con sus procedimientos constitucionales y legislativos internos.
Una vez que la Unión Europea complete sus instancias institucionales, el acuerdo podrá comenzar a aplicarse con aquellos países del Mercosur que ya lo hayan ratificado, aun cuando el proceso no se encuentre cerrado en la totalidad de los Estados parte.
La aplicación del acuerdo depende de la velocidad y el desarrollo de los procesos de ratificación tanto en Europa como en Sudamérica. Según el cronograma estimado por fuentes europeas, si no surgen contratiempos políticos o legislativos, el tratado podría comenzar a aplicarse hacia finales de 2026.
Este esquema contempla una aplicación progresiva, ligada al cumplimiento efectivo de los pasos formales en cada jurisdicción.
Por qué el acuerdo demoró más de 25 años
Las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur comenzaron en 1999, pero atravesaron extensos períodos de virtual parálisis. Entre 2002 y 2010, 2012 y 2015, y 2020 y 2022, los diálogos quedaron suspendidos de facto, producto de diferencias estructurales, crisis económicas, cambios de signo político y, en los últimos años, fuertes debates ambientales.
Estas tensiones explicaron que, incluso luego del entendimiento político alcanzado en 2019, el acuerdo no lograra cerrarse definitivamente hasta esta nueva etapa.
De qué trata el Acuerdo UE–Mercosur
El Acuerdo UE–Mercosur es un tratado político, económico y comercial que busca fortalecer la relación birregional mediante la apertura de mercados, la cooperación institucional y la promoción del desarrollo sostenible.
Su diseño se estructura en tres grandes pilares. El pilar político impulsa el diálogo, la democracia y los derechos humanos. El pilar de cooperación apunta al desarrollo económico, social y ambiental.
El pilar comercial establece reglas para el intercambio de bienes y servicios, la reducción de aranceles, la protección de inversiones y la regulación del comercio.
Desde la perspectiva del Mercosur, se trata del mayor acuerdo de libre comercio alcanzado por el bloque desde su creación en 1991.
Para la Unión Europea, el acuerdo tiene un valor estratégico central. Permite acceder de manera preferencial a un bloque que históricamente mantuvo altos niveles de protección de su mercado, lo que abre oportunidades significativas para las empresas europeas.
Además, el tratado se alinea con los objetivos europeos de diversificación comercial, refuerza los vínculos con países afines a sus valores democráticos, sociales y ambientales, y ayuda a reducir dependencias económicas en un escenario internacional atravesado por crecientes tensiones geopolíticas.
En conjunto, la Unión Europea y el Mercosur representan más del 30% del PBI mundial y alrededor del 35% del comercio global. De concretarse plenamente, el acuerdo dará origen a un mercado integrado de más de 700 millones de personas, convirtiéndose en uno de los espacios económicos más relevantes del planeta.
Con la firma política inminente y los mecanismos de ratificación en marcha, el Acuerdo UE–Mercosur ingresó en su tramo final, donde el desafío ya no es negociar el contenido, sino transformar el consenso alcanzado en una realidad jurídica y económica efectiva.
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