12 de enero 2026 - 14:35

El plan petrolero de Trump para Venezuela choca con la realidad: riesgos legales, deudas y desconfianza empresarial

Aunque Donald Trump promete inversiones millonarias para relanzar la industria petrolera venezolana, las grandes petroleras de EEUU ponen reparos clave.

Petróleo de Venezuela. Riesgos legales, deudas impagas, sanciones y falta de reglas claras explican por qué, por ahora, quienes se quedaron con el negocio son los grandes traders internacionales.

Petróleo de Venezuela. Riesgos legales, deudas impagas, sanciones y falta de reglas claras explican por qué, por ahora, quienes se quedaron con el negocio son los grandes traders internacionales.

Gentileza La patilla

De manera paradójica, los primeros ganadores del nuevo esquema petrolero venezolano no fueron las majors norteamericanas, sino las grandes comercializadoras globales de crudo. Firmas como Vitol y Trafigura se aseguraron licencias preliminares para negociar y exportar petróleo venezolano, aprovechando su mayor tolerancia al riesgo, su escala logística y su experiencia en operaciones complejas en mercados sancionados.

Según fuentes del sector citadas por Reuters y Bloomberg, Washington recurrió a los traders porque son los únicos capaces de poner en marcha rápidamente las exportaciones, una prioridad clave para generar ingresos que permitan sostener al gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez.

En ese marco, Estados Unidos y Venezuela ultiman un acuerdo por u$s2.000 millones para vender hasta 50 millones de barriles que habían quedado varados por el bloqueo impuesto semanas atrás.

Traders primero, petroleras después

Mientras Trafigura se prepara para cargar su primer embarque y Vitol avanza con suministros de crudo liviano -necesario para diluir el petróleo pesado venezolano, las grandes petroleras estadounidenses observan el proceso con distancia. Chevron, la única que opera actualmente en Venezuela bajo una licencia especial, compitió por los acuerdos iniciales, pero quedó relegada frente a los traders.

El motivo es claro: riesgo legal y financiero. Venezuela arrastra una deuda externa superior a u$s150.000 millones, y muchos de sus acreedores son, justamente, las mismas petroleras a las que Trump quiere atraer. ConocoPhillips y Exxon Mobil reclaman cerca de u$s14.000 millones por expropiaciones realizadas hace dos décadas, y temen que los ingresos petroleros puedan ser embargados en tribunales internacionales.

Para destrabar ese escollo, Trump firmó un decreto que bloquea a tribunales y acreedores el acceso a los fondos generados por la venta de crudo venezolano, siempre que se encuentren en cuentas controladas por el Tesoro estadounidense. Aun así, el gesto no alcanza para despejar todas las dudas.

Exxon Mobil: “Venezuela es ininvertible”

La señal más contundente llegó desde Exxon Mobil. En una reunión televisada en la Casa Blanca, su CEO, Darren Woods, calificó a Venezuela como “ininvertible” en el estado actual y reclamó garantías de seguridad jurídica y una reforma profunda de la ley de hidrocarburos antes de considerar un regreso. Exxon ya sufrió dos expropiaciones en el país, un antecedente que pesa en cualquier análisis de largo plazo.

Trump reaccionó con visible molestia e incluso deslizó que podría bloquear inversiones de Exxon en Venezuela. En la misma reunión, el CEO de ConocoPhillips recordó que la compañía aún espera cobrar u$s12.000 millones por activos nacionalizados, a lo que el presidente respondió que no era momento de “mirar hacia atrás”.

Sanciones, flota fantasma y China

A los conflictos legales se suman problemas operativos. Muchas cargas de crudo venezolano se transportan en buques incluidos en listas negras de Washington, con seguros dudosos y certificaciones obsoletas, lo que los vuelve incompatibles con los estándares de las grandes petroleras. Ese factor explica por qué los traders, más flexibles y menos expuestos reputacionalmente, dominan la etapa inicial.

Otro elemento sensible es China. Las grandes petroleras estadounidenses tienen decenas de miles de millones de dólares invertidos en el país asiático, que condenó abiertamente la intervención de Estados Unidos en Venezuela.

Además, China es uno de los mayores acreedores de Caracas y ha venido cobrando su deuda con cargamentos de crudo. No es casual que buena parte del petróleo incluido en el nuevo acuerdo estuviera originalmente destinado a refinerías chinas.

¿Cuánto puede crecer la producción?

En el corto plazo, el margen de crecimiento es acotado. Chevron estima que podría aumentar su producción un 50% en dos años, desde unos 240.000 barriles diarios, mediante mejoras en equipos existentes. Repsol, por su parte, cree posible triplicar su producción hasta alrededor de 135.000 barriles diarios en un plazo de dos a tres años.

Pero incluso sumando esos incrementos, el salto sería modesto frente a una industria que supo producir más de 3,5 millones de barriles diarios en la década de 1990. Reactivar pozos abandonados, oleoductos y terminales portuarias requerirá inversiones sostenidas, levantamiento de sanciones adicionales y el regreso de proveedores de servicios como SLB y Halliburton, que aún reclaman pagos atrasados.

A largo plazo, los especialistas coinciden en que Venezuela necesitará reformas estructurales profundas: reducir la participación obligatoria del Estado en las empresas mixtas, bajar regalías e impuestos -hoy del 30% y 50% respectivamente- y revisar el monopolio de PDVSA sobre la comercialización del crudo. Sin ese marco, difícilmente lleguen inversiones masivas.

El mensaje de la industria es contundente: las promesas políticas no alcanzan. “Las inversiones que hacemos duran décadas”, recordó Woods, de Exxon. En ese contexto, el plan petrolero de Trump enfrenta su principal desafío: convertir la urgencia geopolítica en certidumbre jurídica y económica. Sin eso, Venezuela podrá exportar algo más de crudo, pero difícilmente recupere el lugar que alguna vez tuvo en el mapa energético global.

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