Los
personajes de
«Bloqueo»
muchas veces
bordean el
ridículo con su
inocencia,
literalidad y su
afán de
cargarle
ideología a
cualquier
situación.
Libro y Dir.: R. Spregelburd. Int.: K. Firbank, S. Gobernori, J. Drolas y otros. Dis. Esc. y luces: M. Sendón. Vest.: M. Raiola. (Teatro del Pueblo.)
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Un técnico de sonido, seis músicos cubanos dispuestos a editar un disco fuera de su país para no sufrir censura, un belicoso equipo de gastroenterólogos, más la típica «rubia tarada» que inmortalizó el rock nacional, comparten un caótico cruce de realidades en un estudio de grabación porteño.
Lo que en principio parece un desajuste de la consola de sonido -agravado por las intervenciones de la descerebrada Sofie (muy buen trabajo de Karina Firbank), a la que César ha invitado al estudio de grabación con el fin de conquistarla-da paso a una creciente disociación entre lo que sucede dentro de la cabina acústica y lo que se registra fuera de ella. Pronto se verá que es la realidad misma la que se desdobla o se multiplica, adelantando o atrasando acciones, duplicando presencias en el espacio o reuniendo a personas de distinto ámbito que ni siquiera logran percibirse entre sí.
Estos y otros desarreglos son vividos con absoluta naturalidad por los protagonistas de «Bloqueo» (rasgo habitual en el teatro de Rafael Spregelburd). El autor y director tiene el talento de hacer creíble lo increíble, aún tratándose de situaciones extremadamente absurdas e inverosímiles. Aquí, por ejemplo, logra que las coordenadas tiempo-espacio se salgan de su eje, generando situaciones muy divertidas, en las que se luce el acento cubano.
Sin mensajes predeterminados y dejando de lado la relación causa-efecto, el autor y director explota ante todo el juego teatral, aunque por momentos parece engolosinarse con el potencial humorístico de algunas situaciones, descuidando la estructura de la obra. Esto se traduce en escenas demasiado estiradas o involuntariamente repetitivas.
Quizás advertido por la fuerte polémica que desató con «Acassuso» (la pieza se está exhibiendo en Andamio 90) por aludir al creciente deterioro social del conurbano con un humor muy cínico, esta vez Spregelburd se ocupó de aclarar en el programa de mano que dedica su nueva pieza «a todo el pueblo cubano. A su heroísmo. A su orgullo. A su Revolución». Lo que le permitió caricaturizar sin complejos a estos representantes de Cuba (notables Javier Drolas y Ximena Banús) que muchas veces bordean el ridículo con su inocencia, literalidad y su afán de cargarle ideología a cualquier situación.
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