Un momento de «La llave», sobre una mujer insatisfecha de su existencia cotidiana, sobre textos de Humberto Constantini.
Homenaje a Humberto Constantini. Dir.: Maria De Giorgio y Ricardo Piris, Int.: F. Caló y S. González. (Centro de Estudios Artísticos, Chile 1830, viernes a las 21). Humberto Constantini confiesa en un poema: «Yo tuve, es claro, gripes, miedos, presupuestos, jefes idiotas, pesadez de estómago, nostalgias, soledades, mala suerte ...». Su universo es el del hombre vulgar, aquel que pasa sin pena y sin gloria entre anónimas muchedumbres que reproducen a escala mayor su pobre vida. El mismo Constantini, Proteo fracasado en mil y un oficios que van desde investigador científico a veterinario en pueblos de campaña, pasando por oficinista y moldeador de cerámica; no se diferencia de sus personajes sino en un punto: logra extraer belleza del drama que la insignificancia plantea.
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Si la sentencia sartreana «la vida es una pasión inútil» pesó sobre toda su generación, su símil tanguero «la vida es una herida absurda» estaba ya en el aire. Constantini descubre sin embargo en la impotencia del hombre corriente, una materia digna del arte, la piedad. Toda su obra resulta así una piadosa catarsis, la rebelión destinada a fracasar se salva a través de la compasión por el destino ajeno.
En «Estimado prócer», el primero de los dos monólogos representados en este homenaje, un corredor de comercio, inspirado seguramente en la propia vida del autor que desempeñó ese oficio, increpa desde el solitario banco de una plaza a una estatua, recriminándole su proceridad. El olímpico mundo de los héroes presenta según nuestro personaje, un defecto capital: la indiferencia ante la suerte de los seres comunes.
El segundo monólogo, «La llave», tiene como protagonista a otro patético ejemplar frustrado, la mujer insatisfecha de su cotidiana existencia, de su siempre predecible esposo y de su tarea de modista barrial. Un ilusorio amante simboliza aquí la imaginaria rebelión que en la obra precedente tiene como figura al broncíneo prócer. El planteo de Constantini, y ésta es su riqueza, no responde a una ideología, no cree al modo marxista en la alienación de sus protagonistas por la hostilidad del medio; son tragicómicos por naturaleza, por anhelo de aquello que su mismo ser les niega, la vida excepcional; y es en el espectáculo de su nulidad que despiertan piedad, triunfan por gracia de la derrota.
• Versión
El Grupo de Teatro Rioplatense dirigido por María de Giorgio y Ricardo Piris, fiel a su proyecto de llevar a escena obras vinculadas a la idiosincrasia nacional -ya han realizado puestas de Florencio Sánchez y Armando Discépolo- acierta nuevamente con este homenaje. Las actuaciones de Fabián Caló y Silvia González en ambos monólogos, son un muy feliz ejemplo de interpretación de textos escritos en el límite mismo de lo grotesco. Atinadas son también las lecturas de poemas del autor recitados como prólogo del espectáculo por Gabriel Espiño. La escenografía, música e iluminación de la obra son cuidadosas como es costumbre en este grupo teatral que con talento y laboriosidad busca las raíces del hombre argentino.
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