3 de abril 2011 - 15:31
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Los sonidos de las hortalizas son sorprendentemente complejos: crujientes, oscuros, duros y, definitivamente, hipnóticos. Un amplio registro que permite al grupo un repertorio que va del tecno minimalista a la música étnica, pasando por la electroacústica o el sonido más pop.
"Este no era un proyecto a largo plazo. Lo hicimos por primera vez para un festival y caímos en que tenía muchas posibilidades. Hemos seguido investigando y construyendo instrumentos, y además fue bien recibido por la gente", explica Ernst.
En sus doce años de historia han acumulado al menos 200 conciertos por algunos de los escenarios más conocidos, desde el festival de música electrónica Sónar de Barcelona, hasta templos de la música como la mencionada Konzerthaus.
En sus conciertos se requiere un estrecho trabajo con los técnicos de sonido que, mediante condensadores y micrófonos sensibles de canto y contacto, logran captar y amplificar los sonidos vegetales.
Uno de los mayores desafíos de la orquesta es la propia naturaleza de sus instrumentos, que a diferencia de los tradicionales pueden cambiar su sonido por factores externos como la temperatura, pero que convierten cada una de sus actuaciones en una experiencia irrepetible.
"Los instrumentos vegetales no son tan fiables, no podés estar seguro de que vayan a funcionar en el concierto. Factores externos como la temperatura y la humedad tienen una gran influencia en su funcionamiento. Hay que tener siempre algo de improvisación por si pasa algo", cuenta Susanna.
De hecho, en sus giras por Asia deben ingeniárselas para encontrar algunas verduras parecidas a las que utilizan en Europa, porque las hortalizas cambian con la geografía y el clima.
Los once integrantes, que provienen de profesiones creativas como el diseño, la música y la arquitectura, se reúnen una vez por semana para ensayar dos temas y poner en común sus ideas compositivas.
Los conciertos se parecen más a una representación artística que a una sesión musical al uso, la orquesta busca la complicidad del público y al final de la representación reparten como bis una sopa cocinada con parte de la verdura utilizada.
¿Y qué esperan del futuro? "Al principio decíamos de broma que las verduras se estudiarían como instrumentos en los libros y que tocaríamos en la Ópera de Sydney. Ahora ya se estudian las verduras en algunos libros, pero todavía no hemos tocado en la Ópera de Sydney", relata Erns sonriendo.




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