Nuestro Presidente es una persona de muchas personalidades. En él vemos al populista, al místico, al amiguero, al implacable político, al amante de los cómics e historietas, al economista, al chabacano, al profesor, al fiel hermano...
- ámbito
- Negocios
- Elecciones 2025
El fracaso de la estrategia presidencial del "profesor alocado"
La estrategia y la necesidad del Poder Ejecutivo de jugar con la “locura de los genios” buscando posicionar/imponer a Javier Milei como un gran académico, acerca cada día más al Presidente a la figura de un “Profesor Chiflado”.
-
Regaló todos sus millones: el exfutbolista europeo que está al borde de la quiebra por donar gran parte de su fortuna
-
45 millones de inversión y ganancias increíbles: cómo Michael Jackson llegó a ser dueño del catálogo de los Beatles
En el Gobierno gustan de jugar con la idea de presentar a Javier Milei como un “científico alocado”, y hasta ahora les ha rendido frutos. Pero como en el cuento de Andersen, corren el riesgo que en algún momento un niño los apunte con el dedo y diga…
Como político del siglo XXI, de acuerdo con la situación no duda en ponerse “la máscara” que mejor cuadre en pos de obtener el beneficio que sea.
La semana pasada vimos una cara nueva, donde para la mayoría llamó la atención su discurso en el acto del 141° aniversario de la Bolsa de Rosario, no por la forma o el contenido, sino por lo que no dijo: no hizo ninguna referencia al escándalo de las coimas que roza el buen nombre de su hermana.
La observación está bien, pero el contenido y la forma de lo que se habló, también importaron.
Habitualmente, cuando da una de sus “Clases Magistrales”, Milei disfruta salirse del libreto burlándose socarronamente -lo que, siendo sinceros, muy “académico” no es-, de la vicepresidente Villarruel, Wilfredo Pareto, “los zurdos” “los kukas” o quien sea que tome “de punto”.
Desde ya que, mientras jugaba con su nuevo chiche, una tableta digitalizadora con la cual proyectar sus garabatos, no se privó de bellezas como: “están del otro lado los sodomitas del capital, están los orcos, están los kukas", pero aun así estuvo todo dentro del guion acordado con Manuel y Karina y no dijo ni una palabra de más.
Para no meter opinión, le dimos a los dos programas de inteligencia artificial (IA) más reputados en el análisis de textos (Claude e HyperWrite; si, también se los di a ChatGTP, pero no cambia la cosa) una copia del discurso presidencial/master class durante el aniversario de la Bolsa Porteña (nota aparte: anonadado por el desparpajo del amigo Adelmo con su: “El caso Libra, mire, de eso entiendo algo porque es mi trabajo. En el caso Libra no hay damnificado” y que él es “un jubilado más que cobra la mínima” …) y el de la de Rosario, buscando identificar que cambió en estos poco más de 40 días en la comunicación presidencial (la idea es comparar discursos congruentes).
A grandes rasgos las máquinas nos hablan de que el Presidente pasó de un tono celebratorio, constructivo e inclusivo a otro combativo, defensivo y polarizante; de mostrar logros, promocionar sus éxitos y proyectar el futuro, a advertir contra los riesgos, movilizar contra las amenaza y defender el presente, revirtiendo lo que antes era una posición predominantemente positiva con críticas menores a otra negativa escudada con explicaciones técnicas.
De lo que no nos habló la IA es del absurdo lógico con el que el Javo trató de demostrar que el riesgo "Kuka" justifica elevar las tasas al infinito por ciento,… bueno no le podemos pedir todo a la IA (por ahora).
OK, para esto no hacia falta tanta inteligencia artificial, bastaba con ver la cara de Milei en julio y la semana pasada (si quiere otra pista, mire su pelo, cuando más hirsuto, más contento pareciera estar Milei).
De políticos, científicos y economistas
Creo que no digo nada nuevo al afirmar que, desde siempre, los políticos de todo tenor han tenido y tienen un incentivo para usar el medio que sea -desinformación, mentira, confusión, ambigüedad- buscando convencer al electorado.
El asunto ha sido estudiado innumerables veces: A cross-domain study of the use of persuasion techniques in online disinformation; J.A.Leite et.al, 2025; Persuasion or Manipulation: A critical Analaysisi of Imran Kahn´s UN Speech Using Neuro-Linguistic Programming”; SM Batool et.al, 2025; The Role of Euphemisms in Political Speech: A cognitive and ethorical analysisis, N.Sharoufutdinov, 2024; Argumentative Tactic of Rhetorical fallacies in political discourse, A.A.Hamad et.al, 2022; The deception spiral: Corporate obfuscation leads to perceptions of immorality and cheating behavior; D.M.Markowitz, et.al., 2021; The discursive micro-politics of blame avoidance: Unpacking the language of government blame games, S.Hansson, 2018; Charismatic Rhetoric, integrative complexioty and the U.S. Presidency: An Analysis of the State of the Union from George Washington to Barak Obama, B.Wasike, 2017;…
Lo mismo ocurre en el mundo de la ciencia, donde el uso de la confusión es una de las estrategias favoritas de los mediocres buscando convencer a sus pares: Jargon avoidance in the public communication of science: Single -or double- edge sword for information evaluation?, J.Fick et.al., 2025; Individual Differences in Receptivity to Scientific Bullshit, S.Littrel et.al., 2023; Creating Confusion, C.Edmond & Y.K.Lu, 2020; What Words are Worth: National Science Foundation Grant Abstracts Indicate Award Funding; D.M.Markowitz, 2019; Philosophy of Pseudoscience, M.Pigliucci & M.Boudry, 2013; Specialized terminology reduces the number of citations of scientific papers, A.Martinez & S.Mammola, 2021; Lingustic Obfuscation and Fraudulent Science, D.M. Markowitz & T.Hanckock 2016;…
Ni que decir sobre la economía, donde hasta la IA contribuye al empleo de la confusión: The Economics of desinformation: Academic Freedom in the era of A.I., J.Zumaeta, 2024; Competition and Obfuscation in Financial Markets, Z.Yin, 2024; The Desinformation Economy, the Carter Center, 2024; Towards an Understanding of Misinformation, B.Nyhan et.al., 2024; Economics as a Rhetorical Language Game, R.Mesquita, 2023; Political Language in Economics, Z.Jelveh et.al., 2022;…
Los libertarios, ni las matemáticas ni la realidad
Sin duda, algunos de los pensadores de la escuela austríaca han tenido o tienen profundos conocimientos matemáticos… algunos. Del resto, en especial los de las versiones más extremas, muy duchos… nunca fueron.
Esto explica que uno de los problemas más grandes que enfrentan los seguidores de la línea libertaria (von Mieses/Rothbard/Huerta/Milei), para ser aceptados por el “mainstream” de la profesión, es su rechazo al empleo de la matemática y al “método científico” (en el sentido iniciado por Ab Ali al-asan Ibn al-Haytham al-Bar, en su Kitb f al-Manir de 1010/21 A.D.) para analizar y cuantificar la realidad y sus ideas.
No es que en las matemáticas vayamos a encontrar la verdad, pero ayudan.
Ludwig Von Mieses obtuvo un doctorado en leyes en la universidad de Viena y estudio economía con Carl Manger y Eugen von Bohm. Jesús Huerta de Soto tiene dos doctorados, el primero en leyes y el segundo en economía que obtuvo tras un MBA en Stanford; Murray Rothbard obtuvo un doctorado en economía en la Universidad de Columbia, focalizado en historia y teoría económica. Hans-Herman Hoppe obtuvo un Doctorado en filosofía de la Universidad Goete de Frankfurt y una habilitación en economía. Walter Block Obtuvo un Doctorado en economía en la Universidad de Columbia; Philip Bagus obtuvo un Doctorado en economía en la Universidad Juan Carlos de Madrid; Javier Milei, una licenciatura, un par de posgrados y un Doctorado Honoris Causa concedido por su amigo y compañero de ruta, “Bernie” Benegas.
Su hipótesis básica es que los comportamientos humanos son demasiado complejos y variables como para ser capturados por ecuaciones o modelos, que sobre simplificarían o malinterpretarían la realidad. Así que prefieren apelar a “una metodología deductiva basada en el razonamiento lógico (lógica verbal) y en acciones humanas autoevidentes (los “primeros principios”), a partir de lo cual elaboran sus hipótesis y teorías”.
Esto los aleja de cualquier rigor científico, pero les evita tener que hacer cuentas (o lo que es peor, tener que reconocer que están equivocados cuando la realidad camina por otra senda).
Hoy, uno de los mayores difusores de esta mecanismo como método (infalible) de análisis económico es Jesús Huerta de Soto (sobresale por su aplicación al estudio de la economía monetaria, derechos de propiedad y critica a los bancos centrales), acompañado por Hans-Herman Hoppe (economía política y ética), Walter Block (cuestiones sociales), Philipp Bagus (sistemas monetarios y economías centralizadas) y Juan Ramon Rallo (políticas de libre mercado), todos nombres que suele citar frecuentemente nuestro presidente.
La Praxeología
Es posible que haya sido Louis Bordeau, en su “Teorie de Sciences-Plan de science integrale”” (1882) el primero que empleó el término “Praxeologia” para referirse a la ciencia de las funciones o de las acciones humanas.
De lo que no hay dudas es que fue Alfred Espinas con “Les origines de la technologie” en 1890 quien profundizó y popularizó el término, al analizar las condiciones y reglas de la eficacia de las acciones humanas, definiéndolo como “la filosofía de la acción” (las manifestaciones colectivas de la voluntad; el estudio de los principios generales que subyacen a todas las acciones humanas de carácter voluntario; como las personas creamos y refinamos métodos para lograr lo que queremos).
El 1923, con “Traktat o dobrej robocie” (Principios de la teoría de la acción), Tadeus Kotarbinski avanza sobre la idea de Espinas, poniendo el foco en favor de una teoría de la acción o el comportamiento eficiente de las personas y como optimizar el uso de las cosas para lograr objetivos.
Sobre esto se monta en 1933, Ludwig von Mieses y en “Grundprobleme der Nationalökonomie: Untersuchungen über Verfahren, Aufgaben und Inhalt der Wirtschafts- und Gesellschaftslehre” (Problemas Epistemológicos de la Economía) comienza a hablar de la praxeología como la ciencia general de las acciones humanas, haciendo hincapié en su rol como una metodología deductiva para entender los fenómenos económicos, argumentando que la economía no debe estudiarse desde una óptica empírica ni histórica -ya que las acciones humanas serían demasiado complejas para ser analizadas desde las matemáticas, la estadística o algún corpus formal- sino a partir de deducciones lógicas basadas en una serie de axiomas “auto-evidentes” sobre el comportamiento humano: el primero de todos, “los seres humanos actúan para lograr cosas” (para una visión más completa, ver su Nationalökonomie: Theorie des Handelns und Wirtschaftens -Accion Humana- de 1949).
Si bien su coetáneo en la escuela Austríaca, Friedrich A. Hayek compartía la misma desconfianza hacia los modelos econométricos (“The Use of Knowledge in Society”, 1945; “The Counter-Revolution of Science: Studies in the Abuse of Reason, 1952), priorizando el análisis conceptual sobre el rigor matemático, haciendo hincapié en la relevancia de las acciones humanas individuales (en “The Pure Theory of Capital”, 1941, vemos alguno de sus desarrollos algebraicos), nunca rechazó el valor de los datos empíricos ni la importancia de los antecedentes históricos para entender los procesos económicos (de hecho, no tenemos antecedentes que alguna vez se haya referido a la praxeología).
Quien finalmente impone la idea de la praxeología -y la consiguiente repulsa a las matemáticas y los datos de la realidad- entre los libertarios es Murray Rothbard, especialmente a partir de su “Praxeology: Reply to Mr.Schulkler” de 1951.
Mientras que para von Mieses la praxeología era la base de las ciencias sociales y especialmente de la economía, ya que a través del pensamiento lógico permitía descubrir las verdades universales sobre el comportamiento humano, de manera independiente a cualquier comprobación empírica (es el estudio de los medios, no de los fines), para Rothbard, quien en una actitud cuasi conspiranoica consideraba los modelos matemáticos como una herramienta del planeamiento central e intervencionismos de los gobiernos, era además el mecanismo metodológico que separaba la Escuela Austriaca de Economía de todas las demás -“positivistas”/“empiristas”- que se basaban en el estudio de los datos de la realidad y su comprobación o falsabilidad.
Imposible discutir
Si a esta altura el lector sospecha que la praxeología es algo así como una pseudociencia más afín a una especie de religión, tal vez no se equivoque.
Según Diego Giacomini, exsocio, exíntimo de Javier Milei: “La praxeología son construcciones deductivas lógicas que terminan en axiomas irrefutables. Entonces vos no lo tenés que demostrar con hechos empíricos para ver si estaba correcta o incorrecta. Si yo te digo la inflación es un fenómeno monetario, es así. ¿Por qué? Porque es la pérdida del poder adquisitivo del dinero. Y el poder adquisitivo del dinero se relaciona con la producción de dinero. Listo. Yo después no tengo que ir a ver si sube la emisión 10% y si después los precios suben 5%. Sé que van a subir”.
Poco importa que -solo para nombrar algunos- economistas como Richard Thaler, Ernst Fehr, Paul Glimcher, Colin Camerer o Dan Ariely; psicólogos como Daniel Kahneman y Roy Baumesteir; neurocientíficos como Benjamin Libet, Patric Haggard y Alex Pouget; filósofos como Harry Frankfurt, Daniel Dennet, Patricia Chicchland o teólogos como Edward Feser (católico), Shabir Ally (musulmán) o Yeshayahu Leibowitz (judío) hayan demostrado desde distintos ángulos que el axioma de base de la praxeología -que los seres humanos actuamos siempre con un objetivo y de manera voluntaria- es falso.
Poco importa que la historia y la arqueología hayan demostrado que su idea sobre el origen y que es el dinero (sobre el que está construida todo su estructura monetarista) y cómo surgió el capitalismo sean erróneas, Luis Caputo es el mejor ministro de economía, Guillermo Francos es el mejor jefe de gabinete, Javier Milei el mejor presidente, su gobierno el mejor de la humanidad y se merece el Premio Nobel de Economía. Estos son truismos que no se discuten, que no necesitan pruebas, que no pueden ser falsificables.
Este carácter de “verdad revelada” hace que cualquier intercambio de ideas, discusión o cuestionamiento al pensamiento praxeológico o a sus seguidores sea chocar con una pared… por experiencia personal (¿cierto Javier, cierto Diego?).
Alguna vez Albert Einstein escribió: “El pensamiento puramente lógico no nos puede dar ningún conocimiento sobre el mundo empírico; todo el conocimiento de la realidad comienza con la experiencia y finaliza en ella. Las proposiciones a las que se arriba por mecanismos puramante lógicos están completamente vacías en lo que tiene que ver con la realidad”; “La información no es conocimiento. La única fuente del conocimiento es la experiencia. Necesitas experiencia para ganar sabiduría” (de “El método de las Física Teórica”, 1934).
El “profesor chiflado”
Para la cultura popular moderna hay algo irresistible en la idea de una conexión entre la brillantez y la enfermedad mental.
Tenemos así la figura del científico de pelo alborotado garabateando ecuaciones en todas las superficies, que vive justo en el límite entre la insania y la genialidad. También su contracara, la del artista, un ser torturado, que lucha sin poder nunca vencer a sus demonios interiores, salvo cuando genera arte, antes de terminar cortándose una oreja o internado en un psiquiátrico.
No sorprende entonces que en un trabajo de 1987 (Creativity and mental illness: prevalence rates in writers and their first degree relatives) Nancy Andreasen identificara una incidencia significativa de los trastornos bipolares entre los escritores mas creativos o los miembros de su familia. Ni que dos años después Kay .R. Jamison (Mood Disorders and patterns of creativity in British wrtiters and artists, 1989) sostenía que el 38% de los artistas británicos sufrían de trastornos del ánimo o que, no siendo tan extremo, en 1995 Arnold M.Ludwig publicara “The Price of Greatness: Resolving the Creativity and Madness Controversy” donde analizando 1.000 personalidades del siglo XX anota una cierta incidencia de disturbios mentales -depresiones, manías- en los artistas más creativos como escritores y poetas, los escritores y poetas (pero no entre los científicos).
La responsable de introducir esta figura del científico loco fue una joven de 19 años, Mary Shelley, al escribir en el verano de 1816 “Frankenstein” -, si bien Johan Georg Faust, el Dr. Fausto (1480-1541) e Isaac Newton (1643-1727) ya habían dejado alguna impronta asociando la alquimia y la ciencia con ciertas excentricidades.
En realidad, Víctor no está loco, sino que perdió cualquier referencia moral. El que en cambio si lo está y le da forma al “científico loco” es Rotwang, el científico e inventor de la película Metropolis de Fritz Lang de 1927, quien crea un robot que replica a su amor imposible y que planea usar para destruir la ciudad (por esa época, Einstein usaba el pelo relativamente corto, no estaba totalmente canoso y potaba un mostacho).
Una figura más moderna del científico loco es la del Dr. Meirschultz de la película “Maniac”, quien intenta resucitar a los muertos y es el primero en utilizar anteojos y un guardapolvo blanco.
El problema con los trabajos de Andreasen, Redfield, Ludwig y similares, es que más allá de “algún ruido” al ser publicado, no probaron nada: las muestras fueron muy pequeñas, no se tomaron grupos de control, son apenas acumulaciones de anécdotas superficiales, etc.
Según Christopher Frayling (Mad, Bad and Dangerous?: The Scientist and the Cinema, 2005) entre 1930 y 1980, cuando el estereotipo comenzó a cambiar hacia una figura más amable y simpática, la de “El Profesor Chiflado” (film de Jerry Lewis de 1963; por el cambio ver Hijitus, El Joven Frankenstein, Futurama, Los Simpson, Rick & Morty, etc.) los científicos locos fueron los villanos en el 39% de las películas de terror (una excepción).
Analizando 1,2 millones de personas a lo largo de 4 décadas (Mental illness, suicide and creativity: 40 year prospective total population study”), en 2012 Simon Kyaga et.al. concluyeron que no existía ningún incremento en los desórdenes psiquiátricos entre quienes realizaban trabajos “creativos”, aunque no descartaron cierto efecto entre los desordenes de los parientes de primer grado y la propensión de “los sanos” a seguir carreras científicas o creativas.
Esto podría tener que ver con lo que se ha llamado “el modelo de vulnerabilidad compartida” donde una misma causa biológica podría dar lugar a la creatividad o la psicopatología (no de manera coexistente), dependiendo de otros factores. (Creativity and psychopathology: A shared vulnerability model”, S.H.Carson 2011) .
De esa época es “The Insanity Hoax: Exposing the Myth of the Mas Genius” de Judith Schlesinger, tal vez el mejor trabajo derribando el mito del “científico loco” o “el profesor chiflado”.
La figura del científico loco y su contrapartida más amable, la del profesor chiflado, están firmemente imbricadas en la imaginación de nuestra civilización occidental, al punto que no importa lo que diga la ciencia, son usadas y abusadas por los laboratorios, el marketing y la política que la repiten como si fuera un hecho.
Somos todos diferentes así que tal vez sería mucho mejor que en lugar de ponernos membretes, aprendamos a aceptar y celebrar nuestras diferencias, sin aprovecharnos ni patologizar aquellos que son, sencillamente, diferentes
Milei, el riesgo del ridículo
La necesidad de los economistas más extremos dentro de la Escuela Austriaca de trasuntar una patina “de seriedad” -aunque más no sea una falacia- lleva a la permanente sobreactuación de sus referentes al exponer/imponer sus ideas.
Alguna vez ya comentamos las ventajas que parecía tener la locura al momento de negociar, y como nuestro presidente la había adoptado.
Es bajo esta óptica, la de la ventajas de la locura y la necesidad de la sobreactuación -dejamos de lado las cuestiones psicológicas- que podemos comenzar a entender la afición de Javier Milei por las “master class” de economía (ya lleva una 13 en lo que va del año) y la construcción mediática a partir de ellas de algo así como la figura de un “genio alocado”.
El apego a la glosolalia (la creación de términos inventados de difícil interpretación) y la criptolalia (el uso de una jerga privada), la fuga de ideas, la disgregación del pensamiento, la verborrea, la ofuscación matemática, el mathsplaining, la búsqueda de autoridad por la complejidad son todas estrategias intencionales para hacer de los discursos presidenciales un galimatías, que por una falacia “ad verecundiam” se transforman en pruebas de esta genialidad para los menos cultivados.
Esto se complementa con la “filtración” a la prensa amiga de manuscritos de imposible comprensión y en tiempos mas recientes, el desarrollo visual de fórmulas que son poco más que garabatos, buscando dar la “credibilidad científica” de un “magister dixit” al primer mandatario.
Sin entrar a juzgar el contenido de los discursos presidenciales (acá hablo no del “que” sino del “como lo dice”), hasta hace poco esta estrategia parecía rendir sus frutos.
¿Se “auto percibe” Javier Milei como un genio?
Casi al arrancar, en la página 13 de Bureaucracy” (1944) von Mieses escribía: “La sociedad no puede contribuir en nada a la cría y crecimiento de los hombres ingeniosos. Un genio creativo no puede ser entrenado. No hay escuelas para la creatividad. Un genio es precisamente un hombre que desafía todas las escuelas y reglas, que se desvía de las rutas y rutinas tradicionales y abre nuevos caminos en tierras antes inaccesibles. Un genio es siempre un maestro, nunca un alumno; es alguien que se hizo a si mismo.”
Posiblemente entonces, en los términos del padre de los libertarios, si. Al menos lo suficiente como para sentirse merecedor del Premio Nobel de Economía, según declaró públicamente el 24 de junio de 2024 en Praga.
El problema es que nada es gratis, nada dura para siempre, lo que significa que existe un creciente riesgo que en lugar de “genio alocado”, la gente termine percibiendo la caricatura de un “profesor chiflado”. De muchos lugares es fácil volver, del ridículo, no
- Temas
- Elecciones 2025
- Javier Milei




















Dejá tu comentario